lunes, 21 de enero de 2013

El Ángel y El Demonio.


Schmilisky Family.

TODO ME PERTENECE SI QUIERES COPIARLO DAR CRÉDITOS.

¿Cómo era posible mantener una sonrisa cuando quieres gritar tan fuerte y llorar hasta que tus pulmones sangren?

Nunca fui una chica envidiosa, tenia todo lo que quería, y no me refiero al dinero, las joyas o cosas materiales, al contrario, el dinero no era nada porque solo cubría las necesidades, muchas veces pensaba que estaba loca, veía en mi mentes imágenes de una ángel con un demonio, ambos peleando siempre pero nunca morían al contrario se quería, pero no de amarse de amor… ¿si entiende?

Santiago era mi hermano gemelo o mellizo, siempre teníamos esa extraña conexión de que ambos sabia lo que al otro le ocurría, el siempre estuvo para mi y yo estuve para el, Santiago a diferencia de mi y el restos de mis hermanos tenia un extraño pasado, un pasado diabólico donde las drogas, el alcohol y el sexo era el domínate y el factor para que su vida fuera la porquería que era.

¿Santiago deja de beber por favor? –susurre nerviosa, mi cuerpo temblaba y cada ves era mucho mas, las calles de nueva York estaba desierta en una miércoles a las 5 de la madrugada, mi madre estaba de viaje junto con Robert para su audición de un recitar de piano; Santiago seguía tambaleándose en plena calles mientras se reía- ¿Santiago me estas escuchando?- volví a hablar, era imposible, Santiago era solo una sombra mas de aquella mujer.

-          ¿por…que….no…errre…sss…nno…rmal…?-dijo arrastrando las palabras producida por el alcohol, me incomode demasiado, Santiago no era el mismo.

-          ¿Santiago a donde vas? – le chille antes de corre, santiago camino como si no hubiera lugar hasta el bosque, mire el cielo, “luna llena genial” bufe con sarcasmo, mientras caminaba, mis brazos estaba tan frío y nada me cubría solo una camisa manga corta.

Santiago camino golpeándose, cayendo y diciendo estupideces que no podía oír, solo lo seguía por no quedarme sola, escuchaba a los animales cerca, el frío y las hojas moviéndose no ayudaba, suspire, mi hermano chillaba en algunos momento delirando lo cual me preocupaba.

¿Cuánta droga había consumido en el “Coctel”?

- Santiago… - volví a llamarlo cuando se detuvo frente a un acantilado, camine hasta el temerosa y luego me muro y camino hasta sentarse en el vacío de este.

- ¿soy una mala persona? –susurro como si tuviera miedo de las palabras y trague grueso, las lagrimas estaba en mi mejilla, pero últimamente no podía detenerlas, ¿Por qué coño no era fuerte?

- no Santiago… no lo eres Tiago- suspire y me senté a su lado.

El silencio hacia que todo fuera extraño, santiago se quito su chaqueta y la puso en mis hombros, nuestro pies estaba en el aire y el frío era cada ves mas fuerte haciendo que mi cuerpo temblara y la luna, estaba allí mirándonos como si esperara, como si esperara algo que no sabíamos.

Entonces paso… el grito desgarrador de mi hermano sonó en todo el bosque, las aguas comenzaro a moverse con violencia y mi respiración se había atascado, intente agarrarme de algo de algunas piedras, sentía como mi piel se comenzaba abrí, mientras luchaba por subir.

-¡BREE! – el grito de Santiago agarrandose de mi piernas intentando subir hacia que todo mi cuerpo doliera, mientras mas subía mas dolía, pero entonces perdí el equilibrio y me solté escuchando dos gritos desgarradores.
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Mi cabeza dolía tanto que sentía que en algún momento iba a explotar, suspire, solo quería despertarme dame una ducha y ver mi película favorita para comer mis fresas con chocolate.

-¿Brithany? – suspire esa voz, como odiaba aquella voz, y no es que no la odiara al contrario amaba aquella voz, era la voz de mi mejor amigo, Robert.

Robert Patt era su nombre, era un chico demasiado dulces, loco, amoroso, cuidados, y sobre todas las cosas tenia aun rara personalidad que a lo que a mi respecta me gustaba, pero el tenia novia y yo solo era su “pequeña hermanita”.

Abrí los ojos mirando todo borroso una estupida luz me molestaba, parpadeo un poco y luego pude verlo con claridad, su cabello todo desordenado, y sus ojos mostrando preocupación, Robert tenia un extraño trabajo y lo veía cada ves que podía, lo cual era una o dos veces a la semana, incluso pasaba meses sin verlo era doloroso pero cierto.

-¿Qué…su...ce...dio?-mi voz salio rasposa e incluso muy ronca, el me dedico una sonrisa.

- te encontraron a ti y a santiago entre las roncas de un acantilado estaba apunto de morir por hipotermia…-lo mire horrorizada, intentando recordar pero no podía- estuvieron tres días inconsciente…. ¿Cómo te sientes?- me pregunto luego de acariciar mi mano.

- estoy...bien...-susurre mirándolo, intente sonreír pero mi cara me dolía, el beso mi frente y cerré mis ojos, odiaba cuando hacia eso, sus beso en mi mejilla o frente era un golpe bajo, sabia que me quería.

¿Pero alguna ves iba amarme como yo a el? ¡Lo dudo!

- será mejor que descanse mañana será otro día…-susurro apagando la luces y dejando la de emergencia encendida, lo vi acomodarse en la silla y sonreí. Si Robert era una especie de ángel guardián, pero por una extraña razón me sentí observada, busque a mi alrededor al culpable pero no vi nada, suspire antes de quedarme dormida, como dijo Robert mañana será otro día. 






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